Tu estructura, como está hoy
Qué sociedades tienes, dónde están, qué función cumple cada una y cuáles no cumplen ninguna.
Nadie debería plantearse pagar 2.500 € sin saber exactamente qué compra. Esta página cuenta el diagnóstico por dentro: qué se mira, en qué orden, qué recibes al final, qué pasa después y por qué cuesta lo que cuesta.
Dos cosas: un documento escrito y una sesión para explicártelo.
El documento no es una presentación de diapositivas ni un resumen de media página. Es un informe que puedes releer con calma, pasarle a tu socio o a tu asesor actual y usar como guion de trabajo durante meses. Está escrito sobre tus números, no sobre un modelo genérico con tu nombre puesto arriba.
Qué sociedades tienes, dónde están, qué función cumple cada una y cuáles no cumplen ninguna.
IVA, OSS, operaciones intracomunitarias y el riesgo de establecimiento permanente en cada país donde vendes.
Qué queda por producto, por canal y por país una vez descontado todo — comisiones, logística, devoluciones, impuestos.
Lo que hoy está sostenido con alfileres y qué pasaría si alguien lo mirase.
Qué hacer, en qué orden, con qué prioridad y qué se puede dejar para después.
En la sesión repasamos el documento entero y decidimos contigo por dónde se empieza. No es una entrega por correo: si algo no se entiende, no sirve.
El plazo depende del tamaño y del desorden. Estas son las fases; los días concretos se cierran en la propuesta.
Durante todo el proceso hablamos lo que haga falta. Un diagnóstico en el que el asesor desaparece dos semanas y reaparece con un PDF es un diagnóstico peor.
Porque son dos o tres semanas de trabajo dedicadas a un solo negocio, el tuyo, y el resultado no se puede plantillar. Reconstruir márgenes por país y revisar una estructura societaria no es rellenar un formato: es sentarse con tus datos hasta entenderlos.
Y porque lo que sale de ahí son decisiones de estructura, del tipo que se arrastra durante años. Una decisión así tomada con la información completa vale otra cosa que tomada por intuición.
El precio se cierra antes de empezar y va escrito en la propuesta. No hay horas que se disparan, ni ampliaciones a mitad, ni conceptos que aparecen al final.
No prometo ahorro. Prometo criterio y trabajo hecho. Cualquiera que te ponga una cifra de ahorro por delante antes de haber mirado tus cuentas te está vendiendo un número inventado.
El plan es tuyo y no lleva atadura. Puedes ejecutarlo por tu cuenta, con tu asesor de siempre o con quien decidas. Está escrito precisamente para poder entregárselo a otro.
Si prefieres continuidad, existe un acompañamiento mensual o trimestral: revisamos prioridades, decidimos los siguientes movimientos y tienes acceso razonable para consultas. Se contrata solo después de un diagnóstico, nunca en frío — sin haber mirado el negocio a fondo, un acompañamiento es conversación cara.
La ejecución —contabilidad, altas, presentaciones, nóminas— no se contrata aquí. Si hace falta, se deriva a GCT1, el despacho que dirijo en Elche, con su propio presupuesto y su propio equipo. Lo que contratas conmigo es criterio y supervisión: decidir qué hay que hacer y comprobar que se hace bien.
Entonces el informe lo dirá con argumentos, y esa también es una respuesta que vale dinero: saber que tu estructura aguanta y que tus márgenes están bien medidos te permite crecer sin la duda de fondo, y tomar las decisiones grandes sabiendo dónde pisas.
Dicho esto, sería la primera vez. En un negocio que vende en varios países y factura por encima de 100.000 € siempre hay algo: un margen peor de lo que se cree, un país donde se está tributando de más o de menos, una sociedad que ya no pinta nada.
No. El diagnóstico decide qué hay que hacer; hacerlo es otro trabajo, con otro equipo y otro presupuesto. Si quieres que lo ejecute mi despacho, se deriva a GCT1; si prefieres que lo haga tu asesor actual, el plan está escrito para poder entregárselo.
Esa frontera está aquí y vuelve a estar en la propuesta, para que no haya malentendidos después.
Dirijo una asesoría, así que esto lo digo con conocimiento de causa: son dos oficios distintos. Una asesoría está montada para que cumplas — plazos, modelos, obligaciones, cierres— y eso ya es un trabajo a tiempo completo hecho bien.
Lo que casi nadie tiene, en ninguna asesoría, son dos semanas libres para parar y reconstruir tus márgenes por país o replantear tu estructura desde cero. No es un defecto del asesor: es que ese encargo no es el suyo, y por eso se contrata aparte.
De la solicitud a la llamada, unos días. De la llamada a la propuesta, otro par. Y desde que aceptas y me llega la información, dos o tres semanas hasta la sesión.
Las plazas son limitadas de verdad, así que a veces hay espera para empezar. Si la hay, te la digo en la llamada, no después.
Documentación que ya tienes —cuentas, modelos, informes de ventas por canal y país, detalle de costes— y en torno a dos o tres horas de tu tiempo repartidas entre la llamada inicial, alguna pregunta suelta por correo y la sesión final.
No hay que preparar informes nuevos para mí. Si algo no existe, lo reconstruyo yo: forma parte del trabajo.
Sí, y es lo más habitual. No vengo a sustituir a nadie: vengo a mirar el negocio desde otro ángulo y a dejar por escrito qué conviene hacer. Tu asesor suele ser quien mejor ejecuta buena parte del plan, porque ya conoce la casa.
Sí. Todo lo que me pasas se trata como información reservada, y si tu empresa trabaja con acuerdo de confidencialidad firmado, se firma sin problema antes de empezar.
Puedes enviar la solicitud igualmente y lo hablamos, pero te lo digo por delante: por debajo de esa cifra rara vez sale a cuenta. Un negocio en esa fase suele necesitar ejecución ordenada antes que estrategia, y para eso el sitio correcto es GCT1.
Prefiero decírtelo antes de cobrarte que después.
No, y desconfía de quien te la ofrezca. Lo que se contrata es análisis y criterio, no un resultado que depende de decisiones que tomas tú, de cómo se ejecute el plan y de cosas que no controla ninguno de los dos — desde un cambio normativo hasta lo que haga tu mercado.
Lo que sí está garantizado es el alcance: lo que dice la propuesta que se entrega, se entrega, en el plazo acordado y por el precio cerrado.
El primer paso son tres preguntas. Sirven para saber si esto encaja contigo antes de que ninguno de los dos gaste una llamada.
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